La anorexia nerviosa

November 2, 2018

 

Es una alteración que puede originarse por dolor emocional excesivo y miedo a los cambios vitales,  con sensación real o no de gordura y falta de atractivo, lo que conlleva un trastorno de la conducta alimentaria que consiste en el rechazo de los alimentos y que afecta principalmente a personas jóvenes, en especial a mujeres que son quienes sufren una mayor presión social, estética y cultural sobre la idea de un cuerpo delgado, y a ello han contribuido en gran medida tanto los medios de comunicación que promocionan la delgadez como estado optimo y deseable como diversos factores que a continuación se mencionarán.

Quienes la padecen se auto provocan una disminución paulatina de peso y de masa muscular, que puede llegar a límites extremos, disminuyendo la cantidad de alimentos que ingieren y  eliminando muchos de ellos, en ocasiones reduciendo los líquidos, aumentando el ejercicio físico e incluso ayudándose con fármacos laxantes, diuréticos y anfetamínicos entre otros.
El inicio de una dieta más o menos estricta y sin ningún tipo de control médico puede ser un signo de alarma a considerar.

Los factores que en nuestra cultura  influyen en el inicio y desarrollo de la enfermedad son múltiples, la baja autoestima asociada o no a la necesidad de afirmación mediante la aprobación del entorno, una personalidad dependiente e influenciable, que toma muy en cuenta la opinión de las personas con las que se relaciona, comparándose con ellas e incluso imitando sus conductas por la idea de resultar así más atractivas, con el agravante en el período infancia-adolescencia de las burlas y comentarios peyorativos acerca de su figura.

El abuso, ya sea físico o emocional puede conllevar entre otras a estas consecuencias.

Quienes la sufren pueden presentar también dificultades de comunicación y relación, lo que puede además limitar aún más su autonomía aumentando así la dependencia hacia otros individuos de su entorno para realizar cualquier acción.

Otros factores como intolerancia o baja tolerancia a la frustración,  lo que puede ser debido a un exceso de cuidados familiares, sensación de fracaso e ineficacia que les impide alcanzar logros autoimpuestos que les resultan muy dificultosos, o también perfeccionismo excesivo que conlleva la propia imposición de un severo autocontrol personal pueden ser también determinantes.

Así pues problemas  familiares y relaciones íntimas juegan también un rol importante en el inicio y desarrollo de la enfermedad, más frecuente en aquellos individuos que no recibieron suficientes muestras de afecto físico durante su infancia, aunque hay mas factores familiares que parece pueden influir como la sobreprotección anteriormente citada, severidad, discordia familiar, el exceso de control o la ausencia del mismo sobre sus conductas, y el desinterés o el abandono de los padres y otros seres queridos.
De otro lado, el excesivo interés de la madre sobre un aspecto delgado y el peso bajo como patrón estético óptimo también parece puede ser de gran influencia en el inicio de trastornos posteriores de conducta y el desarrollo de la enfermedad.

La genética quizás también represente un factor de riesgo de desarrollar un trastorno de la alimentación, aunque tal vez no se trate de un problema perceptivo, sino de cómo estos individuos interpretan la información que les llega. Todos estos factores se conjugan entre sí, y  ello generalmente conduce a trastornos depresivos y ansiosos y provoca no pocos problemas desestabilizantes.

Muchos son los signos y síntomas asociados a la enfermedad, aunque algunas de estas manifestaciones no suelen aparecer en períodos cortos de evolución de la misma.

La ausencia de regla durante más de tres meses en las mujeres, delgadez, atrofia y debilidad muscular, estreñimiento, escasas o nulas manifestaciones de apetito, caries dentales, ritmo cardíaco anormal con arritmias, bradicardias e hipotensión, impotencia en el hombre, descalcificación y osteoporosis, valores anormales de glucosa en sangre, anemia, leucopenia (leucocitos bajos), problemas de coagulación, caída de cabello, piel seca y sin brillo, hematomas espontáneos, mala absorción de los alimentos con el consecuente déficit de nutrientes y minerales, gastritis, ardor de estómago, nauseas y vómitos,  dificultad para concentrarse, actitudes de aislamiento, irritabilidad, ansiedad, depresión y conductas maniaco-depresivas.

Para tratar la enfermedad, debe fijarse como objetivo prioritario la recuperación del peso, y para ello necesitamos un programa terapéutico completo (tanto para el paciente como para su familia), nutricional, médico y psicológico y es muy importante que el terapeuta que dirija el tratamiento asesore a los familiares o en su defecto a las personas que cuidarán de estos pacientes,  sobre que actitudes deben tomar durante el mismo. Lo que se debe y lo que no se debe hacer.

Como ayudar a vencer las resistencias, combatir los miedos y el dolor emocional, y trasformar las conductas patológicas del paciente en conductas reparadoras y saludables.
Como mantener la firmeza en todas aquellas acciones necesarias para la buena resolución del tratamiento  y al mismo tiempo demostrar toda la comprensión hacia el paciente y sus problemas. Y como, en definitiva, pueden ayudar a devolver la autoestima y el amor hacia sí mismo de quien la padece.

Por eso es importante evaluar en cada caso las necesidades del proceso, determinando el régimen del tratamiento, bien mediante ingreso hospitalario, hospitalización domiciliaria, hospital de día o tratamiento ambulatorio atendiendo en función de la gravedad del momento a si éste puede desarrollarse en el ámbito familiar o no.

Colaborar estrechamente con los profesionales de la salud es de vital importancia para la resolución del problema.

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Entradas recientes

December 7, 2018

November 2, 2018

Please reload

Archivo