Cuento corto: Recetas de madres


“Así me gusta hija, que seas una buena ama de casa…” Estas fueron las palabras que dijo mi madre justo antes de que me abalanzara sobre ella con un mar de palabras atropelladas al teléfono, incluso alzándole algo la voz, debido a la mala leche que me entró al oírla decir, una vez más, la frasecita machista de turno. Al fin y al cabo, tan solo la había llamado porque tenía dudas sobre si las patatas hervidas se podían congelar o no, ya que me había dado por preparar algunos tuppers para la próxima semana, y no veía claro lo de las patatas. Solo eso. A los 15 minutos la llamé para disculparme, porque la pobre no tiene la culpa de que a ratos se me dispare la vena feminista y reaccione como un gato al que le tiran agua cada vez que escucho, a estas alturas de la vida, expresiones como esa. Pero ella no se da cuenta. Toda su vida trabajó de cocinera y se alegra de que yo cocine; y que la llame para preguntarle. Le gusta que hablemos de recetas y comida. Para ella, que yo prepare tuppers es un orgullo. Qué le vamos a hacer… No debí confundir su amor de madre con el machismo. O tal vez ella, no debió de confundir mi necesidad de recibir un consejo práctico de madre a hija, por el de una creencia limitante. Un mandato familiar tan peligroso como lleno de amor.

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