Unas pinceladas sobre inteligencia emocional

August 17, 2018

 

Todos hemos oído hablar últimamente de este concepto que parece estar en auge, pero ¿hemos entendido realmente su significado?
Se trata nada más y nada menos que del equilibrio entre emoción y razón.
 
Es una idea tan simple como importante.
 
Para entenderlo, definiré primero el concepto de coeficiente intelectual:
 
Es una puntuación, resultado de alguno de los test estandarizados,  que permite medir las habilidades cognitivas de una persona en relación con su grupo de edad. 
 
Como estándar, se considera que el CI medio en un grupo de edad, es 100.
 
Esto quiere decir que una persona con un CI de 110, está por sobre la media entre las personas de su edad.
 
En principio, inteligencia es el conjunto de capacidades mentales que permiten predecir el éxito de un individuo, pero ¿de qué inteligencia estamos hablando exactamente?

En principio, pues, cuanto más inteligente se es, es decir, cuanto más elevado es el coeficiente intelectual (CI), más se debe triunfar.
 
Sin embargo, se ha comprobado mediante diversos estudios, que la relación entre el CI y el éxito en un sentido amplio (posición social, salario, estar casado o no, tener hijos o no, y un largo etcétera…) es mínima.
 
Se ha comprobado que menos del 20% de éste éxito, podría atribuirse al CI y que existen otros factores que son responsables del 80% restante.
 
Es la inteligencia emocional la que parece poder explicar mejor el éxito en la vida, y este tipo de inteligencia no tiene nada que ver con la otra. Podríamos hablar entonces del “Coeficiente emocional.”
 
Podemos obtenerlo midiendo:
 
-      La aptitud para IDENTIFICAR nuestro propio estado emocional y el de los demás.
-      La aptitud para COMPRENDER el desarrollo natural de las emociones ( cómo evoluciona cada tipo de emoción en el tiempo: cólera, alegría, miedo…)
-      La aptitud para RAZONAR sobre las propias emociones y las de los demás.
-      La aptitud para REGULAR las propias emociones y las de los demás.
 
Estos son los fundamentos del dominio de uno mismo y del éxito social. Conforman la base del conocimiento, la moderación, la compasión, la cooperación y la capacidad de resolución de conflictos.
 
A veces nuestro comportamiento se parece un poco al de los niños pequeños, cuando lloran  y no saben si es por sueño, por hambre, porque están tristes o porque no saben qué hacer para sentirse mejor.
 
Os pondré un ejemplo:
 
Imaginemos el caso de una redactora que lleva una semana trabajando durante interminables jornadas para finalizar un artículo urgente, y una vez termina, ya agotada, se va directa a un Burguer a comerse una hamburguesa doble, una coca-cola y unas patatas fritas para compensar su cansancio.
 
Lo que su cuerpo le estaba pidiendo es “ Necesito parar un poco y dormir”, sin embargo, lo que ella escuchaba es tan solo “Necesito”.
 
En una situación así, sería necesario poner en marcha la inteligencia emocional: En primer lugar, identificar el estado actual (cansancio y no hambre), conocer su desarrollo (todo va bien e irá bien durante el día mientras no le exija demasiado a mi organismo), razonar sobre ello (no me va a servir absolutamente de nada irme al Burguer más cercano y ponerme morada comiendo hamburguesas, más bien luego me sentiré culpable y con más sueño) y finalmente, manejar la situación de manera adecuada (aprender a manejar la ola de cansancio con una siesta o incluso meditando, que resultará mil veces más efectivo que tres tazas de café  o media tableta de chocolate.)
 
Remitiéndome a uno de los pilares de la Fundación; Sane Food, os contaré que la mala regulación de las emociones es una de las causas principales del aumento de peso en una sociedad donde el estrés es omnipresente y los alimentos se utilizan para responder a esa situación. Quienes han aprendido a regular el estrés, no suelen padecer problemas de peso (a no ser que exista algún problema metabólico o endocrino subyacente) ya que reconocen sus emociones y responden con inteligencia.
 
Necesitamos entender que no hay emociones positivas y/o negativas, sino emociones comprendidas y/o no comprendidas.
 
El camino es largo pero cada paso nos acerca un poco más al autoconocimiento, tan solo necesitamos estar abiertos a seguir aprendiendo cada día un poco más.
 
“Tienes que crecer desde dentro hacia fuera. Nadie puede enseñarte, nadie puede hacerte espiritual. No hay maestro, sino tu propia alma.” Swami Vivekananda.

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