Osteoporosis un riesgo silencioso

August 10, 2018

 

La osteoporosis es una enfermedad inicialmente asintomática que afecta a todos los huesos. Ocurre por la merma del tejido que los forma y provoca disminución de la masa ósea. En fases avanzadas los afectados presentan una mayor tendencia a fracturas, bien consecuentes a traumatismos, bien espontáneas. Las zonas más comúnmente afectadas suelen ser vertebras dorso-lumbares, área distal del radio (zona de la muñeca), pelvis, mandíbula y en ocasiones el área clavicular.

Se diagnostica mediante una prueba denominada densitometría ósea, aunque en muchos casos suele detectarse ya en fase avanzada por la aparición de las manifestaciones clínicas (fracturas). Por eso, es de suma importancia su detección precoz y prevención.

La osteopenia no se considera enfermedad, aunque podría estimarse como un estado previo o leve de osteoporosis. En la osteopenia la masa ósea se encuentra disminuida pero no llega a los valores que se establecen para diagnosticar osteoporosis, aunque si existe un mayor riesgo de evolucionar hacia ella.

Conozcamos un poco mejor los huesos.

El tejido óseo está formado por diferentes tipos de células.

Osteoblastos. Forman y organizan su matriz extracelular. Producen mantienen y reparan el hueso. Contienen principalmente una proteína estructurada reticularmente llamada colágeno, y aunque todos los tejidos lo incluyen, en los huesos se encuentra en gran proporción. Esta estructura colágena provee a los tejidos de armazón y sostén, confiriéndoles cierta flexibilidad y consistencia, tanto mayor cuanto más grande sea su proporción. Sin colágeno el hueso sería duro pero frágil.

Osteocitos. Originalmente osteoclastos atrapados en la matriz ósea. Son las células ya formadas del hueso maduro. Presentan originalmente un estado latente que con el tiempo degrada y finalmente se deterioran y mueren. Este proceso se denomina apoptosis osteocítica (muerte celular programada).

Osteoclastos. Células que degradan y reabsorben el tejido óseo. Destruyen hueso. Se localizan en la superficie del mismo y poseen propiedades macrofágicas. Su actividad se encuentra íntimamente ligada a la hormona paratiroidea, la vitamina D3 y la calcitonina. Su acción también puede verse alterada por los corticoides y las prostaglandinas. 


Además del colágeno, también están presentes en el hueso proteínas tales como la osteonectina y la osteopontina, sales minerales como la hidroxiapatita (fosfato tricálcico)  y el  carbonato cálcico. En menor proporción se encuentran sulfatos, compuestos salinos de flúor y de magnesio. Todas estas sales proporcionan al hueso dureza, y están distribuidas en la retícula colágena. Las sales minerales se integran en el hueso mediante el proceso denominado calcificación.

Así pues, sus componentes minerales le dotan de dureza. Si escasean, el hueso se vuelve demasiado flexible y aparece patología. Por el contario, sin la estructura colágena adecuada, el hueso puede ser duro pero frágil, lo que también es patológico.

Por tanto, se observa que el tejido óseo, a diferencia de otros tejidos,  presenta una constante generación-degeneración. Es un tejido "vivo", en permanente cambio, no es un tejido inerte. Está sometido a un continuo remodelado. Se considera que en un año se renueva en un 10%, lo que resulta necesario para mantener un esqueleto sano. Por este proceso se reparan fracturas, y el esqueleto se adapta a los distintos esfuerzos físicos a los que es sometido.

¿Por qué puede aparecer la osteoporosis?

Pues o el organismo es incapaz de producir suficiente tejido óseo nuevo, o el proceso de destrucción ósea es excesivo. También pudiera ser que se den simultáneamente ambas circunstancias.

El envejecimiento (osteoporosis senil, incidencia a partir de los 50 años), condicionamientos de raza, genética y herencia (de vital importancia, determinados genes tienen que ver con la calidad y el desarrollo óseo), la mala alimentación, la anorexia o la desnutrición (ingesta pobre en calcio), tabaquismo, alcoholismo y cafeinismo (intoxicación por cafeína), la falta de actividad, de ejercicio físico y enfermedades que irremediablemente provocan la inmovilización y el encamado del paciente (para que se genere tejido óseo se necesita tensión, movimiento), tratamientos prolongados con determinados medicamentos (glucocorticoides, esteroides), algunas enfermedades de las glándulas tiroides (hipertiroidismo), paratiroides (hiperparatiroidismo) y suprarrenales (síndrome de Cushing), y la menopausia o la cirugía supresiva ovárica en la mujer (la desaparición de la función ovárica conlleva una disminución del metabolismo estrogénico y el aumento de la actividad de los osteoclastos, tanto mayor cuanto más precozmente se inicie la misma), junto con la amenorrea (reglas suprimidas) y la Enfermedad Inflamatoria Intestinal son factores que intervienen en la aparición de la patología.

Algunos estudios sugieren en el caso de la mujer menopáusica que la osteoporosis no solo está relacionada con la alteración del nivel estrogénico, sino con un bajo nivel de progesterona. Investigan la acción estimulante de la progesterona sobre los osteoblastos. Se concluye que un nivel adecuado de progesterona puede mejorar el equilibrio en el proceso de remodelado óseo, y por ello, retrasar la pérdida de masa ósea.

Una falta de actividad y ejercicio físico junto con una  alimentación inadecuada en la infancia, consumiendo alimentos basura en vez de los adecuados para una buena nutrición y desarrollo del niño, no solo puede provocar trastornos del crecimiento durante esa etapa de la vida, sino que tales carencias pueden manifestarse más tarde, favoreciendo la aparición de trastornos osteoporóticos, entre otros muchos, en la madurez.

Además, las mujeres, por su genética, generan menos masa ósea que los hombres en los primeros 20 años de vida, por lo que es muy importante cuidar tanto el aspecto deportivo como el nutricional para mejorar esta particularidad. Si mediante dieta adecuada y ejercicio aumenta y por tanto mejora su densidad ósea ya se está haciendo prevención de cara a etapas posteriores de su vida.

La intolerancia al gluten (enfermedad celiaca) provoca una alteración en la absorción de nutrientes, entre ellos el calcio. De un lado se constata un mayor riesgo de fracturas  en pacientes con celiaquía, de otro, los estudios mediante densitometrías óseas en estos pacientes arrojan resultados diversos. El porcentaje de pacientes celiacos que sufren osteoporosis varía entre el 27 y el 68% lo que, en márgenes intermedios, no evidenciaría variaciones significativas suficientes  respecto a la población sana en cuanto a una mayor incidencia de osteoporosis, aunque la intolerancia al gluten aumenta la cantidad de unas proteínas llamadas citocinas  (responsables de determinados procesos inflamatorios) y ello altera  la actividad de los osteoblastos aumentando el riesgo de fracturas.

Ante una situación de estrés el hipotálamo activa las glándulas suprarrenales para secretar adrenalina (energía rápida), pero si esta situación se mantiene, las glándulas suprarrenales van a aumentar su producción de cortisol, y cuando esto ocurre por un largo período de tiempo, estas secreciones hormonales se acumulan en el torrente sanguíneo causando problemas de salud. El exceso de cortisol en sangre por largos períodos de tiempo es otro factor que ayuda a desencadenar o a aumentar el riesgo de padecer osteoporosis.

¿Cómo podemos prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad?

Pues de todos los factores que se han dicho, eliminando aquellos nocivos que se puedan eliminar, y potenciando los saludables que a continuación se enumeran.

Es decir, procurando una alimentación sana, variada, balanceada, rica en alimentos frescos  y adecuada en todos los nutrientes que el organismo necesita, con especial atención a los alimentos que contienen calcio y vitamina D, que no solo son la leche y sus derivados, aunque es cierto que el calcio que contienen los lácteos es más aprovechable por nuestro organismo.

Sardina, salmón, atún, acelgas, brócoli, huevos, legumbres en su justo punto de cocción, leches de soja o arroz enriquecidas y cereales son alimentos perfectamente adecuados a tal fin. Los cítricos ricos en vitamina C (ácido ascórbico) además incrementan la absorción del calcio.  

Hay que tomar la cantidad de proteínas adecuada. El exceso de proteína en la dieta puede alterar el metabolismo del calcio, haciendo poco efectiva la función renal en su reabsorción y alterando su fijación en los huesos.


Se hace imprescindible evitar hábitos tóxicos como el consumo irresponsable de alcohol y el exceso de café o té, reducir o eliminar los alimentos salados o que contengan fosfatos (presentes en muchas bebidas gaseosas). Los alimentos de alto contenido en fibra deben consumirse aislados del resto (dificultan la absorción del calcio) y por supuesto no deben realizarse dietas de adelgazamiento drásticas y descompensadas.

Mantener  en la medida de lo posible una buena actividad física, adaptada a cada etapa de la vida, que procure tensión muscular suficiente para la generación de hueso es tan importante como la adecuada alimentación. Aunque para fabricar hueso es necesaria una actividad física vigorosa, con un ejercicio moderado al menos podemos mantener su calidad e impedir relativamente su deterioro.


Subir escaleras, caminar, pasear distraídamente en forma continua, bailar, nadar, practicar deporte si se puede y el cuerpo responde, pueden ser metas diarias para conseguir  un mejor nivel de consistencia ósea y prevenir la enfermedad, no solo la que nos ocupa, sino muchas otras que también dependen de la falta de movimiento y la pasividad. Y si toda esta actividad se realiza al aire libre, mucho mejor. La exposición moderada a la luz solar, si no se tiene específicamente desaconsejada,  hace que nuestro organismo produzca vitamina D.

En casos de edad avanzada, dificultades del movimiento, descoordinación, vértigos y otros factores que provoquen o puedan provocar inestabilidad, es muy importante prevenir en la medida de lo posible en riesgo de caídas.

La supervisión médica adecuada, que mediante las exploraciones pertinentes controle en cada caso los cambios de la densidad ósea del paciente, será la mejor manera de comprobar la evolución de la enfermedad, y permitirá dar los consejos adecuados adaptados a cada situación y momento. Hay que seguir los controles periódicos que el médico paute, con la frecuencia adecuada a cada estado y evolución.

En la mujer menopáusica, un tratamiento homeopático regulador del equilibrio estrógeno-progesterona puede dar un buen resultado sin efecto secundario alguno. De igual modo, mediante determinados remedios homeopáticos puede mejorarse la fijación de los minerales que el hueso necesita.

En el paciente celíaco, además de los consejos generales mencionados, es aún de mayor importancia observar una dieta equilibrada y libre de gluten, que incluya cantidades suficientes de nutrientes con un contenido en calcio de entre 1000 a 1200 mg por día. Existen estudios en los que se observa que al suspender la ingesta de gluten la masa ósea tiende a aumentar, puesto que la respuesta inflamatoria y la atrofia intestinal que este provoca disminuyen  y por tanto mejora el proceso de absorción de los nutrientes que el hueso necesita para estar sano..

La Medicina China Tradicional dispone tratamientos que reiteradamente se han mostrado muy eficaces para incrementar la masa ósea en pacientes con osteoporosis senil. Los principios terapéuticos que maneja son el restablecimiento del equilibrio mediante la tonificación y la compensación de la energía general, de la energía renal (relacionada con la creación de hueso), de la sangre y la activación de su circulación. Y además es ideal para equilibrar, relajar y reducir los niveles de estrés.

Dieta adecuada, ejercicio, salud, prevención y supervisión profesional.

No está de más vivir en armonía.

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