Nutrición madres e hijos. Bases que perduran para siempre

June 1, 2018

 

El deseo de tener hijos puede ser un buen momento para cambiar los malos hábitos nutricionales. Tomar conciencia de que tanto nuestra salud como la del bebé dependerán en gran medida de nuestras costumbres alimentarias antes, durante y tras el embarazo es de vital importancia.

Una alimentación adecuada, adaptada a la actividad física y mental que se realice, y a ese momento concreto de la vida, suficiente en proteínas, correcta en carbohidratos, verduras y frutas, y baja en grasas, es fundamental para abordar y alcanzar con éxito tal objetivo.

Preparar el organismo mediante una nutrición adecuada con anterioridad al embarazo minimizará riesgos durante la gestación, puesto que de tal estado anterior dependerá en gran medida tanto la salud posterior en la infancia del niño como su desarrollo y vitalidad en su edad adulta.  Además, junto con los controles correspondientes para verificar un aumento de peso correcto de la gestante, influirá directamente en el peso del niño al nacer.

Asimismo, parece probable que esta adecuada alimentación pueda retardar la aparición de ciertas enfermedades en la edad adulta del bebé, tales como hipertensión, trastornos cardiovasculares, diabetes y obesidad.

Tras el parto, haber conseguido este objetivo hará más fácil la recuperación de la madre y más sano al bebé.

Una nutrición inadecuada por defecto, tanto antes como durante el embarazo, puede aumentar las posibilidades de infertilidad, anemia, aborto, parto pretérmino, peso insuficiente del bebé y malformaciones.

De otro lado, el exceso de peso de la gestante puede ser causa de diabetes durante el embarazo, hipertensión y bebés con exceso de peso, lo que puede hacer necesario practicar cesárea o utilizar fórceps en el momento del parto.

Durante el embarazo hay que comer por uno. Mejorar la calidad de los alimentos. Informarse sobre los requerimientos diarios de nutrientes. Elegir los ingredientes por sus calidades. Y tomar las cantidades adecuadas de alimentos ricos en proteínas,  carbohidratos,  verduras y frutas. La manera más correcta de comprobar que la alimentación en este momento es la adecuada es verificarlo mediante un control  de aumento de peso y que éste sea  correcto y suficiente.

Son esenciales durante todo el embarazo Zinc, Calcio, Hierro, Iodo, Magnesio, Acido fólico (prevención de anencefalia y o espina bífida), Ácidos grasos esenciales Omega 3 y 6, y las vitaminas A, B6, B12, C y D.

Y tras el parto, empieza un largo camino. Amar, cuidar y educar al bebé.

Es perfecto amamantar al bebé ya en la primera hora, y comprender que la lactancia  de al menos 6 meses le es muy necesaria, por motivos tanto emocionales y psicológicos como fisiológicos. Lactar no solo es alimentar, también es conectar y fortalecer el vínculo con el bebé y a la vez protegerle de enfermedades.

La madre no debe hacer dieta durante la lactancia, que, ya de por sí, contribuye a su pérdida de peso. Debe nutrirse adecuadamente, con al menos cuatro o cinco comidas al día, y suficiente líquido para que la cantidad y calidad de la leche sea la adecuada y su energía suficiente.

Siguen siendo críticos tanto para la nutrición de la madre como para una adecuada producción en cantidad y calidad de la leche materna Omega 3 y 6, Calcio, Hierro y Ácido fólico y estos se encuentran en alimentos de origen animal. Así que quienes decidan no tomar productos animales deben informarse y tomar en abundancia los vegetales que los contienen (legumbres, soja y vegetales de hojas verdes), porque se absorben en menor proporción que los que se obtienen de los alimentos de procedencia animal.

¿Y luego qué?

Los padres son los modelos a seguir de los hijos, les trasmitirán sus hábitos y comportamientos alimentarios. Las primeras experiencias del niño con los alimentos dependen de los padres. Por ello los padres tienen el deber de educar también nutricionalmente a sus hijos. Ni muy permisivos ni excesiva presión, pues ambos comportamientos pueden conducir a malos hábitos posteriores.

Fomentar el gusto por los alimentos más sanos solo es posible mediante el ejemplo y la lucha constante a las malas influencias sociales externas. Para ello, es imprescindible que los padres se interesen por adquirir los conocimientos necesarios para poder ofrecer al niño los alimentos mejores y más adecuados para su nutrición, prestando atención a que sean frescos y de calidad, ecológicos y preferiblemente de proximidad, y cocinarlos adecuadamente para que así conserven el máximo de sus propiedades nutricionales y energéticas.

No sirve de nada obligarles a consumir frutas y verduras si luego ellos observan que sus padres no las consumen, e incluso les oyen comentar "que asco" o "a mí esto nunca me gustó".  Por el contrario, los padres deben fomentar el interés de los hijos a probar nuevos y distintos alimentos saludables y acostumbrarlos a ellos, para que se nutran en forma sana y completa. Y ello debe hacerse desde temprana edad, puesto que cuanto mayor es el niño más resistencia ofrece a tales pruebas.

Hay que dar ejemplo y que el niño lo vea y lo comparta. Por tanto hay que evitar preparar comidas diferentes para el niño, a menos que este padezca alguna enfermedad o intolerancia que así lo aconseje, caso este en el que los padres deberán adaptarse tales cambios. También es esencial respetar horarios. No eludir el desayuno. Desayunar, comer y cenar si es posible, siempre a las mismas horas. Tomar un tentempié a media mañana y merendar a media tarde. Comer juntos, todos sentados en la mesa, evitando que el niño coma de pie y debamos perseguirle para alimentarlo. Para ello hay que hacer agradable el tiempo de la comida. Que este sea motivo de reunión y de amor familiar, para con él y para con todos y cada uno de los miembros de la familia. Eso sí, sin televisión, ni juguetes, ni móviles, ni nada que pueda desviar el objetivo que se persigue. Estas distracciones perjudican y alteran no solo la comunicación de la familia sino que hacen que no se sea consciente de los alimentos que se ingieren y disminuya también su disfrute. Debe ser un momento íntimo compartido por todos los que se encuentran sentados a la mesa.
 
Acostumbrar al niño a los nuevos gustos puede ser difícil, así que cuando se niegue a tomar un nuevo alimento hay que escucharlo y tratar de comprenderlo, mostrándole afecto, para, en otro momento, utilizar estrategias que suavicen los nuevos sabores y texturas con otros alimentos que si sean de su agrado, dejándolos poco a poco al descubierto para acostumbrar su paladar.

Un menú base completo debe incluir alimentos de todos los grupos alimentarios y los cinco sabores básicos en su justa proporción. En Medicina Tradicional China el sabor alimenta la energía de la mente y el espíritu, y a la vez los diferentes sabores se asocian con los distintos órganos y vísceras, que debidamente cuantificados, los tonifican y promueven su correcta funcionalidad.

Entonces una dieta sana debe incluir féculas, verduras y hortalizas, frutas y alimentos ricos en proteínas, bien vegetales, bien a partir de alimentos animales cocinados, nunca crudos.

En fin, todo un trabajo, que de realizarse de forma correcta y responsable reportará salud y conocimiento a la familia, y que en su momento nuestros hijos agradecerán y a su vez podrán transmitir.

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