Una triple transformación

May 4, 2018

 

En un artículo anterior, “La espiritualidad del yoga integral y supramental”, hablaba en estas páginas de Sri Aurobindo y su modo de concebir la espiritualidad y el yoga. Quedó sin desarrollar en qué sentido hablaba él de una transformación integral, una triple transformación, en el sentido indicado en el título del presente artículo. Intentaré ahora ofrecer algunas pinceladas de todo ello.

Ya sabemos que no resulta fácil compartir un lenguaje, después de haber construido la torre de Babel, pero por alguna parte hay que comenzar, así que lo haré de la mano de Sri Aurobindo, quien hablaba justamente de un Vedanta integral y de un Yoga integral. Sri Aurobindo distinguía entre una transformación anímica, una transformación espiritual y una transformación supramental.

La primera consiste en el descubrimiento del alma individual que somos, del ser íntimo que se ha embarcado en este proceso evolutivo, de la chispa divina que atraviesa múltiples encarnaciones y que en la mayoría de los seres humanos se halla actualmente inoperante, oculta detrás del cuerpo, las emociones y la mente. Por exigencias de la evolución, la personalidad humana construyó un “ego psicológico” que le otorgó y otorga una sensación de identidad y de individualidad. Es aquello con lo que nos identificamos cuando decimos “yo”. Pero este ego no constituye nuestra identidad más profunda. Forma nuestra identidad psicológica, nuestra máscara para encarnar el papel que nos ha tocado (o hemos querido) representar en este escenario que es el planeta Tierra, pero no nuestra identidad espiritual más profunda. La identificación con el ego conduce necesariamente a una vida egocentrada, egoísta y ególatra. La vida de la humanidad ha sido un despliegue de esas características, y ahora nos toca trascender esa etapa de una existencia egocentrada. Tenemos que descubrir la Unidad que somos y vivir la fraternidad universal.

    Vivir centrado en el ego, identificado con él, supone vivir en el conflicto y la fragmentación. Nuestras vidas y nuestra historia son buena muestra de ello. Descubrir la presencia de nuestra alma y trascender el ego, integrándolo, permite vivir a la Luz de lo Sagrado, recuperar la Unidad olvidada, compartir lo que somos y tenemos, y celebrar la fraternidad que nos caracteriza.

La transformación espiritual supone una expansión de nuestra conciencia, ya no solo hacia dentro, con la apertura del corazón (anahata), descubriendo el alma que somos, sino también hacia arriba, con la apertura de sahasrara, la cima de nuestra cabeza, nuestra coronilla, descubriendo campos de conciencia-energía más amplios, sutiles y gozosos de los que habitualmente nos resultan conocidos. Si antes se trataba de descubrir nuestro corazón anímico, y con él el amor y la compasión, ahora se trata de descubrir una conciencia más allá de la mente lógico-racional, tal como la entendemos, una conciencia supra-racional y transpersonal, una conciencia intuitiva e iluminada. Y desde ella, tomar conciencia de nuestra realidad multidimensional, abriéndonos a las dimensiones más sutiles de la existencia y que se hallaban ocultas para nuestra mirada, debido a nuestra actitud egocentrada. Si en el primer caso despertamos al verdadero amor, fraterno y compasivo, ahora despertamos a la verdadera sabiduría, iluminada e intuitiva. Aprendemos a amar al ser que hay detrás de cada personalidad, y nuestro corazón se convierte en un canal de gozo, amor y cuidado transpersonal. Aprendemos a ver más allá de lo físico-material y a descubrir las dimensiones más sutiles de la realidad.

 


Pero, Sri Aurobindo hablaba de una tercera transformación, a la que denominó “supramental”. En su visión, y en su terminología, en este proceso evolutivo en el que nos hallamos, después de la aparición de la Materia, de la Vida y de la Mente, correspondería la emergencia de la Supermente, de una Conciencia supramental que supondría un salto cuántico en la evolución, una mutación capaz de dar lugar a una nueva especie, a un nuevo ser, que quizás merece otra denominación distinta a la de “humano”, acaso, por seguir con el lenguaje aurobindiano, “ser gnóstico”, ya que esa Conciencia-Energía supramental, esa Inteligencia amorosa creativa, sería la Gnosis divina, que podría ahora encarnar en seres individuales, de modo que la Unidad (divina) se exprese en la Multiplicidad (humano-divinizada), ahora ya consciente de Aquella.

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