El hombre feliz del siglo XXI

November 10, 2017

 

Dicen que los hombres buscan a una mujer que ya no existe y que las mujeres buscamos un hombre que aún no existe.

El hombre feliz de este siglo lo ha de ser porque vea feliz a todas las mujeres de su entorno y, además, quiera que todas las niñas y mujeres del mundo estén menos vulnerables a la fuerza bruta y sí en cambio respetadas y valoradas por toda la sociedad y todas las culturas.

Este propósito bien integrado en nuestro compañero de viaje lo hace tan profundamente interesante como hombre, denota tanta sensibilidad, qué no imagino a mujer que no le resulte mil veces más atractivo que el ya caduco hombre “chulito, malote, musculitos o guaperas”. Y tampoco es la idea del príncipe azul que ha de salvar a toda princesita vulnerable e incapacitada para los retos de la vida, ya lo he dicho esa mujer ya no existe. Hemos sido capaces de sentir y mostrar nuestra fuerza para conquistar la mayoría de retos de la vida, estén donde estén, en el área personal, familiar o profesional, en todas esas áreas la mujer siente la fuerza de sus dos energías la masculina para la iniciativa y la femenina para la adaptabilidad.

Ahora el hombre no ha de ser ni príncipe ni bestia, el hombre ha de “ponerse al día” reinventarse desarrollando su lado femenino, el de la sensibilidad y el que se mira el ombligo pero para reconocer también su dimensión emocional y afectiva e integrarla a su día a día.

Veo en multitud de ocasiones a hombres que saben mirarte a los ojos para ver que compartimos los mismos miedos, las mismas incertidumbres, también parecidas inquietudes y por supuesto las ganas de conocernos realmente como personas que hemos de complementarnos sin rivalidad y con mucho respeto a todos los niveles.

Nos hemos cansado de tópicos y estereotipos, ni siquiera me apetece nombrarlos, están a veces tan enquistados en el “inconsciente colectivo” que me gustaría que un tornado los hiciera volar por los aires y empezar de nuevo, reconvertir y reconstruir el paraíso, el Adán y la Eva felices, que se muestran desnudos sin temor a juzgarse, sin interés por manipularse, y sí con la ilusión de ser buenos compañeros, eternos cómplices,  amigos sinceros y amantes apasionados.

Sin ese hombre y sin esa mujer la felicidad será siempre efímera, a expensas de unos hábitos, de unos deseos, unas posesiones, y unas mal sanas relaciones que nos hacen subir por poco tiempo a las nubes para después aterrizarnos de narices al suelo.

La felicidad está mucho más cerca de lo que siempre imaginamos, el único lugar que existe realmente para hacernos felices es la verdad del corazón, nos guste o no nos guste, la verdad es del corazón, de sus necesidades, de sus carencias. Y la verdad es que amar y ser amado es traer el cielo a la tierra.

Los hombres que aman a las mujeres traen el cielo a la tierra. Así que bienvenidos hombres al siglo XXI somos muchas mujeres que os esperamos hace mucho, mucho tiempo.

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