La espiritualidad del yoga integral y supramental

October 27, 2017

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Sigue vivo todavía Sri Aurobindo?
 
Después de haber escrito y hablado bastante sobre él a lo largo de los últimos veinte años, me gustaría repensar algunas de sus ideas y preguntarme hasta qué punto sigue “vivo” Sri Aurobindo.
 
Ni que decir tiene que la pregunta acerca de si sigue vivo todavía Sri Aurobindo se refiere a la actualidad de su visión y su pensamiento y a ninguna otra cosa. Vaya por delante que, en lo que a mí respecta, no me cabe duda alguna que aquel ser de luz, sabiduría y compasión que conocimos como Sri Aurobindo (1872-1950) sigue vivo de manera muy real, aunque ya no en el cuerpo físico que intentó supramentalizar (y quizás lo consiguió en cierta medida), sino en un cuerpo sutil, trabajando incansablemente desde su conciencia supramental por el Despertar de la Tierra, por la Evolución espiritual de esta planeta, incluida su dimensión física.
 
Sí, también la dimensión física-material, con sus problemas ecológicos, económicos, políticos y sociales, ya que entendemos que todo ello es el cuerpo material de expresión de una Conciencia planetaria y tanto ese Gran Ser al que podemos considerar nuestro Regente planetario, así como cada una de sus células u hologramas de conciencia se comprometieron (nos comprometimos) en su momento a atravesar la experiencia de la “encarnación” en un cuerpo físico, denso, material, en un contexto de similar frecuencia vibratoria: este precioso planeta azul y verde, desgraciadamente maltratado, expoliado y polucionado que todavía tenemos en nuestras manos y que estamos invitados a amar e iluminar, pues aún estamos a tiempo, ahora que estamos tocando fondo, de sacar a flote y de “ascender” con él a una nueva vuelta de la Espiral evolutiva en la que nos movemos.
 
El pensamiento de Sri Aurobindo es extraordinariamente rico y bastante complejo. Cual hombre de un nuevo Renacimiento, sus campos de expresión fueron múltiples: político, poeta, filósofo, yogui, maestro espiritual… quizás avatar. Esperamos poder ir recreando algunos de esos aspectos. Ahora bien, quizás convenga no olvidar que el núcleo de su experiencia y de su pensamiento se halla en la Realización espiritual a través del Yoga. Su manera de entender la Realización espiritual, la Iluminación, el Despertar es lo que caracteriza a su Yoga integral. Su poesía, su acción política, su pensamiento político, están impregnados de visión y de objetivos espirituales.
 
Hay que ser cuidadoso desde el comienzo con las palabras empleadas, pues si bien es cierto que su terminología principal era la del Yoga, y su enfoque se puede denominar yoga integral y supramental (aunque habló también de su sistema de pensamiento como de un “vedanta adualista integral” (pûrna advaita), la idea de “yoga”, tan querida para quienes comparten esa formación, puede parecer excluyente, limitada o parcial a quienes son ajenos a dicha tradición. En realidad, el modo de enfocar Sri Aurobindo el yoga, la renovación y recreación que hace del mismo, hace innecesario el quedar limitado a esa terminología.
 
Como pionero de la síntesis Oriente-Occidente, Sri Aurobindo es también co-creador (junto con Mirra Alfassa, conocida como “Madre” por sus discípulos –véase la breve nota biográfica al final-) de una “nueva espiritualidad” a la altura del siglo XXI… y más allá. Hay obras cuyo sentido se agota en el presente inmediato, cuyo alcance es muy limitado. Otras, como aquella a la que vamos a asomarnos, son de largo alcance y capaces de inspirar toda una cultura, una civilización. Algunos podrían pensar que Sri Aurobindo abandonó el cuerpo hace ya más de medio siglo y que muchas de sus obras, entre ellas su obra magna en prosa, La vida divina, fue escrita originalmente hace ya casi un siglo (todo ello es cierto) y que, por tanto, con el ritmo vertiginoso que estamos viviendo en este “final de ciclo” y con la lluvia de nuevas enseñanzas espirituales que parecen inundar las conciencias abiertas, es probable que su pensamiento haya quedado anticuado. En mi opinión, no es así. Hay obras que reformulan la sabiduría perenne de tal modo, que su validez perdura. ¿Acaso están trasnochados los textos del Buddha, de Lao-Tsé, de Platón, por poner sólo tres ejemplos?
 
Creemos que la obra de Sri Aurobindo es de una envergadura tal que unas décadas, incluso unos siglos, no son suficientes para declararla “superada”. Por eso creemos que merece la pena “exponernos” una y otra vez a esa magnífica Luz, esa extraordinaria Sabiduría que rezuman sus palabras. Por eso os invitamos a compartir con nosotros estas reflexiones, a modo de diálogo vivo, sobre Sri Aurobindo y Mirra Alfassa, sobre su Sabiduría integral, sobre su Obra transformadora, más allá de las palabras, por luminosas que éstas sean, pues si importantes son las palabras y los pensamientos, más lo son todavía las energías sutiles que se mueven tras ellas y las transformaciones que son capaces de producir, aunque no siempre sean inmediatamente visibles.
 
Sri Aurobindo y la evolución: el descenso de una conciencia supramental
 
          Uno de los marcos de referencia importantes para comprender el enfoque de Sri Aurobindo es la idea de evolución. Es cierto que durante los años pasados por Sri Aurobindo en Inglaterra a finales del siglo XIX, la polémica sobre el evolucionismo darwinista estaba en pleno auge y probablemente leyó y escuchó sobre dicha teoría. Es cierto que es la época en que figuras destacadas como H. Bergson y P. Teilhard de Chardin comenzaban también a ofrecer un enfoque espiritual de la evolución. Y ciertamente en los dos autores citados, especialmente en el último, se dan sorprendentes coincidencias con la visión de Sri Aurobindo. No obstante, el evolucionismo espiritual de nuestro autor tiene unas características propias que son las que nos interesan aquí.
           

En primer lugar hay que distinguir entre la evolución de las especies propuesta por Darwin como teoría explicativa de multitud de fenómenos biológicos y la evolución de la conciencia presentada por Sri Aurobindo. En la primera son las formas biológicas y la transformación que se produce en ellas las que ocupan un primer plano. En la segunda es la conciencia, el ser anímico, la realidad espiritual la que se halla inmersa en un proceso evolutivo. Sri Aurobindo no se opone a la primera, no niega su existencia, sino que trata de mostrar cómo queda perfectamente complementada y enriquecida con la evolución de la conciencia que se expresa a través de tales formas.
           

En la filosofía integral, el movimiento de evolución exige una previa involución de aquellas cualidades que más tarde irán emergiendo, no por azar y mutaciones fortuitas, sino porque se hallaban previamente implícitas en lo que aparentemente no es más que Energía inconsciente. Dicho de manera simple y radical: en el comienzo no es la Inconsciencia sino la Conciencia, no la Materia/Energía (tal como la entiende la ciencia actualmente) sino el Espíritu/Inteligencia, no el Caos sino el Orden implícito de una Realidad o un Ser que sobrepasa nuestra capacidad de comprensión actual, pero cuyas huellas nos hablan de su Existencia. Aquello que en la tradición hindú se denomina Brahman, el Absoluto, o Shiva o Vishnu, según cada escuela. En realidad esa Realidad adual (advaita) reúne en sí misma ambos aspectos (Shiva-Shakti, Ishwara-Shakti) y los trasciende (Parameshwara, Paramashiva, Parashakti).

 

Así pues, la Conciencia-Energía primordial que manifiesta el universo, Inteligencia creativa amorosa, guía el proceso evolutivo comenzando por involucrarse en los Orígenes de la evolución, aparentemente inconscientes. Así pues, la Materia es la Noche de la Conciencia, el Sueño profundo de la misma. En su progresiva Expresión, de la Materia surge el principio de la Vida y de forma enigmática van surgiendo organismos biológicos que pueblan una Tierra hasta entonces inerte. Comienza así la evolución de las especies reconstruida hipotéticamente por Darwin hasta llegar a los mamíferos superiores y a los prehomínidos. El siguiente gran salto, con el paso de los siglos, se produce con la aparición de “la especie elegida”, de esos organismos biológicos en los que despunta un nuevo factor en la evolución: la mente, la razón, la autoconciencia, ese ser que llegará a conocerse como “humano”, ese ser que somos nosotros.
Aquí llega una de las diferencias importantes con todo evolucionismo biologista, diferencia compartida por la mayor parte de las enseñanzas espirituales esotéricas. Dado que se acepta la existencia de un cosmos multidimensional, una realidad con diversos planos de existencia, de los cuales el plano físico es el más denso, no resulta extraña la afirmación de que en los momentos cruciales de la evolución, por ejemplo en la aparición del ser humano, se produce un “descenso” no sólo de energías procedentes de otros planos, sino también de “seres” pertenecientes al plano que va a desarrollarse en la existencia encarnada. En el salto evolutivo que comentamos, se trataría del descenso de “seres mentales”, habitantes del plano mental, a los organismos biológicos que la Naturaleza ha ido preparando para que se produzca la unión creativa y original de los seres mentales con los cuerpos de los antropoides superiores. Se explicaría así parte del enigma del “eslabón perdido”, de esa inexplicable aparición de seres con una inteligencia cualitativamente distinta de la hasta entonces manifestada, capaces de desarrollar un lenguaje sofisticado, un pensamiento conceptual y discursivo, una sensibilidad estética y moral, un anhelo espiritual.

 

A partir de ahí comienza la evolución del ser humano en las fases que nos son más o menos conocidas –no en sus comienzos, es cierto- y que la antropología y la historia siguen tratando de reconstruir. Con una aceleración creciente en los cambios, lentos en las primeras etapas, más rápidos posteriormente y veloces en las últimas decenas de siglos hasta alcanzar velocidades de vértigo en las últimas decenas de años. Quizás porque nos hallamos a las puertas de un nuevo salto evolutivo, al final de un ciclo, probablemente de un gran ciclo, acaso expectantes ante una posible mutación de la conciencia, acompañada de una mutación biológica, capaz de dar nacimiento a una nueva especie.

 

Esta nueva especie trascendería (integrando) el principio mental, la inteligencia racional propia de los seres humanos, para acoger el nuevo principio llamado a manifestarse en la evolución: aquello que Sri Aurobindo denominó “principio supramental”. Un nuevo grado de la Conciencia-Energía con características tan alejadas de la mente racional como ésta lo estaba de la vitalidad pre-mental. Un nuevo Poder supramental que se manifestaría en aquellos seres humanos más abiertos a la influencia de las dimensiones espirituales. A este ser nuevo Sri Aurobindo denominó ser supramental o ser gnóstico, el siguiente paso en la evolución de la conciencia.
Qué sea la Supermente, la Conciencia supramental, así como qué tipo de transformación ha de producirse y qué papel desempeñan la ley del karma y la reencarnación en todo ello, debe quedar para próximas entregas. Baste decir, para terminar hoy, que la Evolución espiritual, la evolución de la conciencia cobra un nuevo sentido y una nueva dirección con la emergencia de la conciencia supramental. Quizás más adelante podamos hablar de la triple transformación propuesta para colaborar conscientemente en dicha emergencia.
 
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Aunque es probable que la mayoría de quienes lean estas páginas conozcan ya algo de Sri Aurobindo y de Mirra Alfassa, quizás no esté de más incluir unos mínimos rasgos biográficos, al menos para situarlos históricamente:
 
Sri Aurobindo (Calculta 1872 - Pondicherry 1950) Educado desde los 7 años en Inglaterra, cursó estudios universitarios en Cambridge. Al retornar a India trabajó en la administración y en la enseñanza, aprendió sánscrito y otras lenguas indias. En 1906 entra en el movimiento nacionalista de Bengala del que será uno de sus líderes. En 1908 fue encarcelado durante un año, lo que significó un cambio decisivo en su vida. La lucha política deja de ser central en sus intereses para pasar a centrarse en cuestiones espirituales: el porvenir de la humanidad, la nueva era del espíritu, el descenso de la Supermente o Consciencia-Verdad y el surgimiento del ser supramental. Finalmente abandona totalmente la política. Fue maestro de yoga, poeta y pensador original, integrador de Oriente y Occidente. Uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX y creador de un vedanta integral y un yoga integral. Entres sus muchas obras escritas cabe destacar La vida divina, Síntesis del yoga, y Savitri, su poema místico-filosófico de gran envergadura.

Mirra Alfassa  (Paris 1878 – Pondicherry 1973) de padre turco y madre egipcia, se interesó  desde su juventud por las experiencias ocultistas, después de haber disfrutado ella misma de profundas experiencias místicas. En 1914 viajará a India dónde conocerá a Sri Aurobindo, con quien estará un año en Pondicherry, ciudad a la que regresará definitivamente en 1920. Cuando en 1926 Sri Aurobindo se retira de la vida pública, Mirra, a la que se la conoce como La Madre, queda al cuidado del ashram fundado por Sri Aurobindo en Pondicherry durante cerca de cincuenta años, hasta su fallecimiento. Funda la “Escuela Internacional de Educación”, que infunde una nueva orientación al sistema educativo. Entre los proyectos llevados a cabo por La Madre, cabe destacar la ciudad-laboratorio de Aurobille, fundada en 1968, cuya experiencia se sigue desarrollando en la actualidad. En la última época de su vida, La Madre insistió en la importancia de la transformación supramental del propio cuerpo físico, trabajo que narró en los 12 volúmenes de La Agenda de la Acción supramental sobre la Tierra.

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