El Campo Emocional

October 20, 2017

 

Como si estuviéramos hablando de un campo de cultivo, así también es nuestro campo emocional. Claramente la agricultura ha sido labor iniciada por las mujeres, además de recolectar en el bosque o en las llanuras, puedo imaginar perfectamente aquellas mujeres observando y con ello sintiendo a la madre Tierra, y en ese espíritu de lo femenino cuidador y fértil para la vida, plantarían las primeras semillas que dieron fruto para alimentar a la tribu.

Puedo sentir e imaginar la mirada y el corazón de aquellas mujeres, su capacidad de compenetración y observación con todo lo que les rodeaba, y sobretodo, sus pequeñas plantaciones: el olor de la tierra rica en minerales dando cobijo a las raíces, la lluvia regando los primeros brotes, el sol madurando el fruto ansiado y el viento fortaleciendo, pero también el hielo quebrando o el agua inundando. Puedo sentir sus esperanzas y alegrías con la cosecha que los nutriría en la supervivencia física. Ellas estarían observando todos los ciclos de la Tierra, las cuatro estaciones mostrando un equilibrio y  entonces saber qué hacer en cada momento para compenetrarse con la Madre Tierra y vivir en armonía.

Ahora tenemos que seguir cultivando, pero esta vez  el  Campo Emocional, en el cual muchas veces sencillamente sobrevivimos, y en cambio sería importante realmente vivirlo plenamente y realizarnos conscientemente.
Para ello lo primero es  saber cuidarlo. Entender que de la misma forma que hay una naturaleza en los ecosistemas de la tierra, es decir, en el exterior, también hay una naturaleza en nuestro interior. Y en esa naturaleza humana completa, el campo más importante que cultivar, nutrir y madurar es el Campo Emocional, mucho más que el físico y la mente.

En las emociones vivimos exactamente las mismas estaciones, unos días e incluso épocas de otoño y de puro invierno: aislados, tristes, inseguros, y sintiendo incluso la muerte emocional, para que luego llegue la primavera vibrante de creatividad, de color, de fertilidad, y otros días como el verano de alegría por los frutos maduros del campo de las emociones que nos nutre en la vida, en nuestro interior, y en todas las relaciones.

En las emociones solo hay un lenguaje, sentir y percibir, nada más, no hay que pensar, analizar, cuestionar, rechazar, nada de trasladar su divino lenguaje a la mente o al cuerpo pues realmente no son para eso. Las emociones son para sentirlas, para integrarlas, las de colores y vitales, las oscuras y negadas, todas ellas nos traen el conocimiento de nuestra verdadera naturaleza humana.

Vivir cultivando el Campo Emocional es lo más natural, sano y orgánico para todas las etapas de nuestra existencia, en verdad, en él estamos transitando por el camino de la Consciencia.

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