Candidiasis ¿Por qué a mi, por qué esto, por qué ahora?


Con frecuencia acuden a consulta mujeres que presentan cansancio, falta de energía, malestar, falta de líbido, fatiga crónica que no responde a los tratamientos convencionales, gases, hinchazón abdominal, alteraciones de la menstruación, síndrome premenstrual, infecciones de orina frecuentes, defensas bajas, alergias, sensibilidad a productos químicos, depresión, memoria frágil, irritabilidad e incapacidad para concentrarse. Síntomas tan dispares en ocasiones tienen un origen común, las infecciones por Cándidas.

No siempre tales patógenos ofrecen una clínica clara ni se presentan todos los síntomas juntos, o la paciente no considera muchas de estas alteraciones puesto que al hacer mucho tiempo que las padece se ha acostumbrado a convivir con ellas. Cuando existen manifestaciones claras, flujo lechoso irritante, prurito anal, picor vulvar o lesiones en la lengua, a menudo ya han sido tratadas con antimicóticos y aún así, en muchos casos recidivan con frecuencia.

El tratamiento debe ser completo, y actuar sobre la regeneración de los tejidos, el restablecimiento de la flora, la promoción del reequilibrio hormonal, la modulación del sistema inmunológico, el reequilibrio energético y la modificación de los factores dietéticos y de higiene. Aún así, algunas mujeres no responden al tratamiento. Se hace entonces necesario considerar y trabajar las causas emocionales que puedan existir.

Muchas de estas alteraciones, y en concreto la vaginitis crónica, se convierten en la excusa utilizada por la mujer para decir no a la relación sexual, dado que es más fácil que la pareja acepte tal pretexto, justificado, a que acepte una negativa por falta de deseo, o al menos eso puede pensar la mujer. Cuando la mujer identifica la relación sexual con un deber, tanto si obtienen placer de la misma como si no, y por muy inconsciente que sea esa creencia, la vaginitis crónica podría muy bien significar la huida a tal situación. La respuesta del sistema inmunitario es entonces la de cronificar la patología.

También las infidelidades pueden influir de forma significativa, tanto las propias como las de la pareja. Se conozcan o no. Las propias de la mujer cuando generan sentimientos de culpa, las ajenas porque aunque no se conozcan, el cuerpo de la mujer las percibe. La respuesta puede ser un bloqueo manifestado como una "enfermedad de barrera".

Vejaciones o abusos sufridos en algún momento de la vida de la mujer pueden provocar como respuesta, consciente o no, un pensamiento del tipo: “mi vagina no estará a disposición de nadie", y por ello puede desarrollarse la cronificación de la enfermedad.

En cuanto a la dieta, es fundamental como parte del tratamiento para combatir esta enfermedad, eliminando los alimentos que alimentan a las cándidas e incluyendo aquellos que contribuyen a su erradicación.

En general, azúcares, levaduras, malta y subproductos de malta, productos lácteos, productos fermentados, frutas, frutas secas y zumos de frutas, cacahuetes, mantequilla de cacahuetes y pistachos, champiñones y setas, patatas, calabaza, batatas y boniatos, té, café, café descafeinado, especias en exceso picantes e hidratos de carbono refinados deben evitarse por completo. El agua corriente debe sustituirse por agua embotellada. Y, en cuanto a la proteína animal deben evitarse las carnes, pescados y aves adobados, ahumados o secos.

Se permiten carnes, pescados, huevos, algas, vegetales, legumbres, semillas, frutos secos, pan de centeno tostado, limón, aguacate, bebidas de vegetales (soja, arroz, avena, almendras), aceite de oliva, especias suaves, e infusiones.

Algunas especias poseen propiedades interesantes. El Orégano es antifúngico, la cúrcuma posee propiedades antiinflamatorias, y el jengibre, fuente de Zinc, sube las defensas y ayuda en los procesos digestivos. Las infusiones de Boldo aumentan la secreción biliar.

El ajo contiene “alicina“, que ha demostrado poseer propiedades antifúngicas, antibacterianas y antisépticas. Puede consumirse con moderación siempre que sea bien tolerado.

Espinaca, Berza y hojas de nabo son fuentes de vitamina B6, necesaria para la producción de ácido clorhídrico (ácidos digestivos).

Acelgas, nabo, ajo y rábano son fuentes de selenio, activador y protector del sistema inmunológico.

Por último, tomar jugo de Aloe es excelente para bloquear el prurito y restablecer las mucosas.

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