Hacia una espiritualidad transreligiosa, mística y esotérica

May 29, 2017

 

A nadie se le escapa ya que la crisis actual no es tan solo de orden económico y financiero, ni siquiera ecológico y social. Todo ello es cierto, pero a la base hay una crisis de valores. Y los valores se sustentan en una u otra concepción del mundo y de la vida. Durante la mayor parte de su historia, la humanidad ha fundamentado su vida en valores religiosos. Las religiones institucionalizadas han dirigido en buena medida los destinos de la humanidad. El judaísmo, el cristianismo y el Islam, más cerca geográficamente de nosotros. El hinduismo, el budismo, el taoísmo y otras muchas “religiones”, aunque no siempre tan conocidas, han supuesto lo mismo en otras partes del planeta. Pero, a partir del siglo XVIII, con la Ilustración y sobre todo desde mediados del XIX con las corrientes positivistas, marxistas, vitalistas, y otras muchas, fue creciendo la crítica a las religiones, pues los aspectos negativos de las mismas –que los ha habido tantos como los positivos- no podían ocultarse por más tiempo. Lo cierto es que una ola de materialismo y ateísmo recorrió el mundo con intensidad creciente desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX.

 

Pero, cuando se hablaba ya de la “muerte de Dios” y del fin de las religiones, una nueva espiritualidad comenzó a surgir (al mismo tiempo que renacías ciertos fundamentalismos religiosos), una espiritualidad que me gustaría llamar “trans-religiosa” “mística” y “esotérica”. ¿Qué significa eso? “Transreligiosa” porque no se identifica de manera exclusivista con ninguna religión histórica, institucionalizada (como era habitual hasta entonces, pues apenas se concebía la espiritualidad al margen de una u otras de las religiones), pero que tampoco las rechaza ni las condena en bloque, como si se tratasen solo de instrumentos de manipulación política, del opio del pueblo o de la consagración de una proyección de la autoridad paterna en un Dios-Padre. “Mística” porque le interesa más la experiencia personal, la vivencia de la dimensión espiritual del ser humano y de la sociedad que los dogmas, los mitos y los ritos y los ritos vaciados de sentido. Entiendo “experiencia mística” en un sentido muy amplio, desde estados superiores de conciencia (transpersonales) hasta experiencias cercanas a la muerte, pasando por estados de meditación, de lucidez silenciosa, de amor compasivo, de gozo sublime, de contactos con seres o realidades espirituales, de conciencia cósmica, de conciencia no-dual, no-local, etc. Y “espiritualidad esotérica” porque se abre a una serie de facultades, de conocimientos, de prácticas, que a lo largo de buena parte de la humanidad han permanecido “ocultas” para la mayoría de la gente, no solo para el pueblo llano, sino también para religiosos (exotéricos), científicos y filósofos, en sus paradigmas dominantes. Esotérica porque, en ocasiones, tienen como punto de partida una “Iniciación” a través de la cual se produce una apertura o un salto cualitativo en el despertar espiritual y la vida deja de estar regida por los intereses del ego psicológico y pasa a ser dirigida por el alma, por la conciencia transpersonal, por nuestra naturaleza búdica, por la conciencia de Krishna, por el Cristo interno, por el Espíritu, llámesele como se prefiera, pues esta nueva espiritualidad tiene mucho cuidado en no aferrarse excesivamente a las ideas y las palabras, a las creencias y los símbolos, y todo símbolo (Cristo, Buda, Krishna) sin negar su realidad histórico o transhistórica pasan a ser considerados símbolos a través de los cuales acceder a lo Sagrado, al Misterio, a Aquello más allá de todo nombre que da sentido a nuestras vidas y que fundamenta nuestros valores.

 

Finalmente, es una espiritualidad que no quiere desentenderse de lo ecológico, de lo económico, de lo social y de lo político. Una espiritualidad integral que no pierde de vista la vida cotidiana, siendo esta, en realidad, el campo de pruebas de su autenticidad. Una espiritualidad, por otra parte que es consciente de la importancia de la dimensión del eco-pacifismo y del feminismo (tan alejado del hembrismo radical y exclusivista como del machismo, androcentrismo y patriarcalismo ya trasnochado y moribundo). Una espiritualidad que quiere mujeres felices y hombres felices, sin olvidar en ningún caso la justicia, y más allá de ella, el amor.

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