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Manifiesto Mujeres Felices

Somos mujeres dispuestas a dar un paso adelante, un paso más allá del que ya dieron otras mujeres que lucharon por lograr el reconocimiento y la igualdad de derechos de los que nosotras disfrutamos en la actualidad. El paso definitivo de la exaltación de los valores más genuinamente femeninos del amor, la sensibilidad y los sentimientos que nutren nuestro mundo interior, hasta ahora relegados a un segundo plano ante los intereses más masculinos de la lógica, la tecnología, la competencia y la lucha por el poder.

 

Los principios y valores femeninos y masculinos no son exclusivos de cada sexo, sino compartidos por hombres y mujeres. Siendo así que hay varones que a su fuerza unen una exquisita sensibilidad, del mismo modo que hay mujeres que, sin renunciar a su sensibilidad femenina, se dotan de una fuerza y empuje que les permite competir y triunfar en terrenos tradicionalmente dominados por los hombres como los de la economía y las finanzas, la política o la tecnología.

 

Desde la más remota antigüedad hemos identificado estas dos fuerzas, Yin y Yang como opuestas y complementarias entre sí, en constante interacción. Cuando están en equilibrio se manifiestan como fuerzas de creación y armonía, pero cuando caen en desequilibrio, esas mismas fuerzas pueden ser de conflicto y destrucción. En la propia vida de pareja vemos como esto es así, cuando cada sexo aporta lo mejor de sí mismo para complementar al otro, engendrando la vida y cultivando el amor, y todos sabemos lo que sucede cuando esto no es así. Como también la historia nos demuestra que la prosperidad y el progreso de la sociedad humana crece cuando se permite a las mujeres aportar sus valores y enriquecer la civilización. De manera que este es el camino, el del equilibrio entre los principios femenino y masculino que hay en nosotros.

 

A nuestros ojos femeninos les duele ver tanto dolor y sufrimiento inútil en el mundo y sentimos que esto es así por el desequilibrio actualmente existente entre los principios y valores masculinos y los femeninos, también reflejado en la mayoría aplastante de varones en todos los centros de poder político, social y económico en todo el mundo. Pues, aunque ambos principios están presentes en todos nosotros, está claro que prevalecen más los masculinos en los hombres como los femeninos en las mujeres.

 

Hasta aquí la historia la han escrito los hombres, por lo que no debe sorprendernos que el 99% de los personajes históricos sean varones. Un mundo esencialmente masculino de guerreros luchando por el poder, como también de descubridores científicos e inventores de máquinas y tecnología, la mayor parte de las veces puestas al servicio de una historia de guerras, muerte y sufrimiento inútil que parece no tener fin. Así nos encontramos, en pleno siglo XXI, con la injusticia y el absurdo de una sociedad humana que cuenta con todos los recursos, conocimientos y tecnología necesarios para poner fin al hambre en el mundo y asegurar las necesidades básicas en salud o educación de todos los niños y de sus familias, pero que sigue dedicando sus energías a la guerra y las luchas de poder de unos sobre los otros, mientras hay niños que siguen pasando hambre o muriendo por causa de enfermedades fácilmente evitables y nuestra economía está cada vez más deshumanizada, en manos de unos pocos locos cuya insaciable codicia y afán de poder están destruyendo el mundo.

 

Nosotras, las mujeres, decimos ¡Basta ya! Basta de injusticia y sufrimiento inútil, de tanta codicia, materialismo e individualismo que están deshumanizando nuestra sociedad. Pongamos la economía y la tecnología al servicio del ser humano, pues así debe ser, para liberarnos y desarrollar todo el potencial de poder humano y felicidad que hay en nosotros. Tenemos una revolución pendiente, pero esta no va a ser una revolución como las anteriores, hechas a sangre y fuego para derrocar a unos tiranos y sustituirlos por otros igualmente dominados por su Ego como los anteriores y vuelta a empezar. Esta va a ser una revolución distinta, en la que nadie ha de buscar dominar a los otros o ser más que los demás, sino solo alcanzar el objetivo personal de desarrollar todo su potencial de poder y felicidad, para aportarlo al enriquecimiento y la armonía de su propio entorno social y de toda la sociedad. Por eso, vamos a impulsar una auténtica Revolución Interior, para que el cambio a mejor de cada una de nosotras/os se refleje en un mundo cada vez más pacífico y humanizado.

 

La fuerza femenina es esencialmente creadora, acogedora, cuidadora y nutricia, como nuestra Madre Tierra. La misma que nos ha dado la vida en este planeta y nos protege con su manto de la fuerza de los rayos del Sol, permitiendo que solo nos llegue su luz y calor, y que cada año nos regala las infinitas cosechas con las que se alimenta la humanidad. Y mientras nuestra enloquecida sociedad consumista la maltrata destruyendo los recursos naturales de este vergel que nos dió, ella sigue dándonos lo mejor de sí misma, con amor y generosidad. Como hemos hecho siempre nosotras, las mujeres, soportando a lo largo de la historia todo tipo de violencia y marginación, sin por ello dejar de nutrir y dar amor a nuestros esposos e hijos.

 

Asumir que somos diferentes, en la medida que prevalecen valores masculinos o femeninos en los hombres y las mujeres, es un primer paso. Reconocer la complementariedad y necesidad de equilibrio entre ambos es un segundo paso fundamental. Admitir que el actual desequilibrio por el dominio de lo masculino sobre lo femenino está en el origen de casi todos nuestros problemas es el tercer y último paso necesario para solucionarlos.

 

¿Qué pasaría si todos comenzáramos a actuar guiados por el amor y la buena voluntad hacia los demás? La mayoría de nuestros problemas se solucionarían por sí solos. Ya no habrían más guerras, ni luchas de poder o explotación de unos seres humanos sobre otros. Con el conocimiento y la tecnología que tenemos actualmente, todos los seres humanos podríamos tener cubiertas nuestras necesidades básicas de nutrición, salud, educación y vivienda. La decisión es nuestra, solo basta con tomar el camino del amor, en lugar de la lucha, la codicia y la ambición, orientando la economía y la tecnología a nuestro favor, el de una sociedad más sensible y humanizada, lo que también quiere decir más civilizada y equilibrada entre los valores femeninos y masculinos.

 

Damos las gracias a todos los hombres que nos han ayudado a llegar hasta aquí, y a los que nosotras también ayudamos apoyándoles para sus logros científicos y tecnológicos. Pues, como siempre se ha dicho, detrás de cada gran hombre siempre hubo una gran mujer apoyándole en todo. Pero ya es hora de que toda esa lógica matemática, talento y capacidades masculinas se pongan al servicio del amor, los sentimientos y la sensibilidad femenina que nos humaniza. Comenzando porque los hombres aprendan a cultivar su sensibilidad, sin perder por ello su fuerza y virilidad. Como nosotras debemos asumir nuestra fuerza, pero sin imitar modelos de masculinidad, sino desarrollando todo el potencial de nuestra esencia femenina. Porque, en esta etapa crucial de la historia de la humanidad, es preciso que demos un paso adelante, para la revalorización de la fuerza femenina en complementariedad y completitud con la masculina. Siendo así que, seguramente, de aquí en adelante la historia también se escriba con nombres de mujer, grandes mujeres apoyadas por hombres igualmente grandes en fuerza y sensibilidad.

 

Lo que el mundo necesita ahora es un mayor equilibrio entre la sensibilidad y los sentimientos del mundo interior de nuestro Ser con la tecnología y la macroeconomía del mundo exterior, para que todos podamos avanzar, en lugar de seguir atascados en la actual crisis de un sistema ya caduco que ya hemos visto lo que nos puede dar en forma de guerras, injusticia, explotación y crueldad.

 

Este también es un movimiento femenino distinto de otros del pasado, para dejar definitivamente atrás el victimismo de otros tiempos, como la equiparación de derechos ya conquistados o la imitación de patrones masculinos para triunfar, pues nuestro éxito ha de pasar por el desarrollo y la realización de nuestro potencial femenino, la esencia de nuestra femineidad. Como también rechazamos cualquier radicalismo femenino de antagonismo y confrontación con los hombres, pues los queremos, como siempre los hemos querido, como madres que los hemos gestado en nuestros úteros y amamantado con la leche de nuestros pechos, así como les hemos querido y acogido como esposos y amantes en nuestro lecho de amor.

 

Tampoco nosotras hemos sido perfectas, por lo que tenemos que ser conscientes de nuestros propios errores y debilidades, como cuando hemos caído en la trampa del culto a la belleza física por encima de otras cualidades, en la crítica destructiva hacia otras mujeres y hacia los hombres o en el consumismo sin sentido, sin darnos cuenta de que todo esto no era sino un sucedáneo de nuestra verdadera y más profunda necesidad de amar y ser amadas. Asumiendo que todas somos guapas, y que el reto consiste en ser cada día más bellas, por dentro y por fuera, en apariencia y en la plenitud de las mujeres felices y realizadas.

 

Somos mujeres dispuestas a dar este paso adelante, invitando también a darlo a cuantos hombres estén abiertos a este llamamiento para el despertar de nuestra sensibilidad humana, que nos ha de llevar a cultivar lo mejor de nosotros mismos, por nuestro propio bien y el de los demás. Sin olvidarnos de los millones de mujeres que todavía viven sometidas a maltrato y discriminación en su sociedad y a las que también nos proponemos ayudar para que puedan superar su situación y avanzar en el desarrollo de su potencial femenino y de felicidad.

 

Nuestra misión es el restablecimiento del orden y el equilibrio natural entre los principios femenino y masculino de nuestra naturaleza humana, permitiendo el afloramiento de una sociedad y civilización auténticamente humanas. Para ello, convocamos a todas las mujeres a unirse y reunirse en todo el mundo en círculos de amor, confianza y apoyo mutuo que les permitan cultivar lo mejor de sí mismas para su propia felicidad, la de sus seres queridos y al servicio de la Madre Tierra y de la humanidad.

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